jueves, 3 de octubre de 2013

Los enemigos del Puerto de Alicante

Un solitario noray, metáfora del aislamiento que sufre el puerto
 

La debacle del turismo de cruceros en los muelles destapa la realidad de unos muelles abandonados a su suerte por la propia ciudad y el Consell

Un solitario noray, metáfora del aislamiento que sufre el puerto 
A la deriva. La crisis del ladrillo supuso la puntilla para el Puerto de Alicante. Una «empresa» de la que viven directamente 1.500 familias, pero que lleva años abandonada a su suerte por las diferentes administraciones.
Pese a que el puerto de Alicante está en estos momentos en superávit, ya que cerró 2012 con unos beneficios de 230.000 euros (datos oficiales del consejo de administración presentados al Ministerio de Fomento) y un movimiento de 2,3 millones de toneladas, cifra similar a la de 2011, la profunda crisis que sufre el turismo de cruceros descensos de hasta el 50% en los primeros meses del año y con la terminal en vías de ser privatizada para atender a los cruceristas y a lo que se presente, vuelve a dejar patente el desprecio con el que los diferentes gobiernos municipales y autonómicos han tratado al puerto en los últimos 30 años, justo cuando Alicante perdió la carrera de los contenedores en beneficio del vecino Valencia. Lo más grave es que se trata de una «empresa» de la que diariamente comen en Alicante unas 1.500 familias, algo que obliga a una reflexión profunda... porque en un puerto debe haber yates, pubs y también chimeneas.
Hasta julio de este año se habían movido en los muelles 1,4 millones de toneladas, lo que supone un incremento del 4%. Canarias y Argelia son los mercados prioritarios y este año se ha conseguido abrir un nuevo mercado con la exportación de chatarra todo mercado es bueno pero... ¡chatarra! a Turquía, para lo que se ha habilitado un nuevo muelle en la antigua terminal de contenedores. Fuentes de la comunidad portuaria sostienen, algo que ya admitía en los 90 la propia presidencia de la Autoridad Portuaria, que el Puerto de Alicante perdió la carrera no ahora, sino hace 40 años cuando no se apostó por el tráfico de contenedores como sucedió con Valencia. Hoy, alimentos, materia prima, chatarra y, de vez en cuando, mármol y aerogeneradores son las mercancías que se exportan desde el Puerto, que ha visto, impotente, como se largaban navieras como Maersk, sin ningún tipo de reacción.
Además, los sucesivos gobiernos autonómicos del PSOE primero y PP después apostaron por la vertiente turística y, por otro lado, cada vez que se ha propuesto algún tipo de desarrollo industrial en los últimos años (fabrica de biodiésel, tratamiento de residuos o silos de cemento, estos lastrados ahora por la crisis del ladrillo), la ciudad se ha opuesto por sistema y ni el Ayuntamiento, ni la Generalitat, ni Puertos del Estado han tenido la cintura política para salvar los proyectos modificándolos o adaptándolos a la realidad ambiental y económica. Todo se ha politizado, judicializado y, al final, perdido. ¿La factura? Alicante ha perdido en los últimos años unos 500 millones de euros en inversiones industriales, para desesperación de las 1.500 familias que viven de la actividad de los muelles.
Está claro que Alicante no puede volver a aspirar a que el Puerto recupere las conexiones marítimas directas con Estados Unidos. Aquellos vapores nunca volverán, pero ¿tan difícil es encontrar a alguien que, por ejemplo, recupere las líneas con Mallorca o, al menos, sea capaz de recuperar la Lonja del Pescado?, aquella inversión multimillonaria que se pudre en la dársena pesquera.
Ese el problema. El Puerto tiene sus enemigos en casa.

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